Una columna vertebral rígida, segura y un vida planeada sin reparos.
Eso soy yo, mi eje.
A su alrdedor fantasmas, escarabajos negros que cada día quieren soprenderme con nuevos sustos.
Quieren desequilabrar mi eje, romperme.
Eso soy yo, ansiedad.
Por arriba una bola enorme de ideas, emociones, pensamientos, obsesiones, sueños, temor.
Eso soy yo, mi cabeza.
Por ahí cerca una piel, cada vez más delgada, ligera, algo marchita por el sol y el tiempo.
Eso soy yo, arrugas.
Un ataque de pánico. Una noche. Pensamientos obscenos. Terror.
Eso soy yo, pasado.
Un río que fluye y a ratos se deborda. Un vestido de gasa que baila sin cuerpo. Un teclado que rumia una identidad.
Esa soy yo ahora.
Ahora mismo.
Incertidumbre. Ilusión. Madre. O no. Contigo, espero.
Con mi eje, ojalá.
Sin más miedos, por favor.
Con calma, deseo.
Como era ayer hace unos meses y siempre.
Sin ansiedad, ¿te imaginas?
Sin preguntas, sin dudas, siendo sin más, sin insomnio, sin llorar, sin temer.
Sin ansiedad, ¿te imaginas?
Eso soy yo, mañana.
Tal vez.