La tortuga sacó la cabeza del cascarón hace ya muchas temporadas. Se llenó los ojos de impresiones y a ratos se quedó dormida para dar cuenta de tanto dato. Las tortugas son para el verano, pero el último agosto fue demasiado, demasiada emoción, quizás demasiada alegría. Demasiado largo el vuelo. Y a la semana de volver de agosto, una noche se cruzó una pesadilla en su cabeza y tuvo miedo. Mucho miedo. Pánico. Sudor de todo. Picor de piernas. Latido en la cara. Carrera por los pasillos. Socorro. Llamó a su madre.
Ya no era una tortuga.
Las marmotas tienen los ojos grandes, cansancio generalizado y muchas dudas. A las marmotas les encanta el otoño, los arces rojos y cambiar de humor. Las marmotas tienen energía generalizada, viajan en bicicleta y pisan hojas, lo pisan todo. Las marmotas no saben qué animal son. Problablemente piensen que son un árbol.
Me dijo C: "Anoche me acordaba de tu blog. ¿Lo tienes activo? Podrías volver a escribir."
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